Tribuna de la Música

Estació 5
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Nos encontramos ahora en el punto más alto de la Cueva. Estamos a 14 metros sobre el nivel del mar, en una zona panorámica que la Naturaleza, quizá movida por un leve toque de vanidad, creó para que nosotros, pequeños y humildes seres humanos, pudiéramos admirar su obra desde una posición privilegiada. Es la ocasión perfecta para contemplar este mundo en todo su encanto, una visión de conjunto que nos permite hacer balance y comprender que todo lo que hemos visto no ha sido simplemente un sueño, sino una experiencia real.
Fue aquí donde, en el pasado, la relación entre el hombre y la Cueva alcanzaba su máxima expresión durante las visitas más importantes. Las notas que todavía hoy, con un poco de imaginación, podemos escuchar resonando en el aire de esta gran cavidad son las de las orquestas y músicos que se situaban precisamente en esta terraza. Una auténtica Tribuna de la Música desde la que dulces melodías, escalas ascendentes y descendentes y románticos ritmos de vals se difundían por toda la sala para acompañar los bailes con los que los afortunados y privilegiados invitados se entretenían en el espacio inferior.
Música y luz, por tanto: si durante la visita has observado manchas de humo negro coloreando las paredes de la Cueva, es porque durante mucho tiempo la única fuente de iluminación fue la llama de las velas. Un método sin duda más evocador que la iluminación eléctrica, pero que, como toda actividad humana, dejó su huella en la obra de la Naturaleza.
Precisamente para evitar repetir el comportamiento poco ejemplar de quienes nos precedieron, es justo que nuestra presencia en este lugar sea lo más discreta y sostenible posible. Por desgracia, a diferencia de los reyes, príncipes y nobles damas del siglo XIX, a nosotros no nos está permitido permanecer demasiado tiempo aquí. Al final de esta sala realizaremos un recorrido en semicírculo y regresaremos sobre nuestros pasos, como sucede a menudo en los cuentos, para completar la visita.